miércoles, 21 de diciembre de 2011

inferno (5)

Una madrugada más escondida en el ático polvoriento. Hojas destrozadas se empapaban con la tinta negra que manchaba el suelo, cuadernos descuadernados, locuras y pensamientos de una demente que cubrían el entarimado de color marrón.
-mi cabeza...- susurré mirando a la luna a través de la redonda ventana con barrotes en forma de cruz.
-la tienes sobre los hombros- contestó una firme voz familiar a mis espaldas.

Ahi estaba de nuevo, mi diablo de la guarda, escuchando mis pensamientos, leyendo mis reflexiones y hablando a través de sus ojos sobre mis ilusiones. Era ella la que me enseñó a volar, la que puso el amarillo farol en el camino y me demostró que había más allá de los oscuros arboles que nublaban mi mente.
-¿por qué has vuelto aquí arriba?- preguntó extrañada.
-sabes que es una adicción este lugar-
-pero no entiendo porque te escondes otra vez- dijo recogiendo algunos papeles del suelo -fijate, eres un caos, se te han manchado de tinta- sacudió las hojas y cayeron gotas negras que se mezclaron con las motas de polvo -y yo creo que no lo estoy arreglando- reí.
-no me escondo- me acerqué y con cuidado cogí las hojas manchadas.
-¿entonces porque has vuelto al escondite?-

Vi mi reflejo, miré sus ojos y estos me devolvieron la mirada, vi mi alma, llena y ordenada, el diablo se acercó y brillaron mis lágrimas, fue entonces cuando realmente comprendí, existía una imagen, un aspecto, un diseño del alma, mi voz tenía sonido, sus ojos eran el reflejo de los mios, los latidos al compás del tiempo de nuevo me devolvían tranquilidad y pasarían eternamente las horas junto a ese ángel encerrado en cuerpo mefistofélico, que bien sabía, adoraba mis locuras.
-olvide como se hablaba...- susurré tapando su boca -...como se escuchaba...- llevé mis manos a sus orejas -...y ciega me quedé-dije ocultando sus ojos.
-¡pero creciste!- exclamó cogiendo mis manos -no necesitas este lugar-
-cuando estaba ciega el ático era oscuro, cuando no escuchaba los libros estaban en silencio y mis palabras, oh mis palabras, una tortura que creía me aliviaba- 
-sigo sin entenderlo- se llevó la mano a la boca y empezó a morder los dedos.
-¿ves la luz de la luna, la luz de las velas, la iluminación de este lugar?-
-si-
-¿escuchas las hojas de los libros?-
-si...- arrastró la afirmación algo incrédula mirando a su alrededor, supo que no era la única que pisaba el escondite.
-¿estás atenta a mis palabras?-
-¡claro!-gritó. -¡pero todo esto ya lo sabía!- 
-yo lo acabo de descubrir- sonreí.

Es un lugar apartado, oculto y desconocido, que guarda bajo una niebla de misterio palabras que de mi boca no suelen salir, es mi escondite, un espacio inexistente que custodia secretos, una habitación de cinco paredes repleta de libros desgastados, a la que mi mente suele ir, porque todos necesitamos un punto de mágica incoherencia para poder sobrevivir.

domingo, 11 de diciembre de 2011

sin titulo I

Se escucha el dulce sonido del cigarro al consumirse mientras me pierdo en el aire con paso sereno, por un beso secreto que paciente espero, hartando de locura mi cabeza. Y puede que... saber que me quieres, quererme sin poder como deseas. Es el beso que para extraños no tiene sentido, el guiño del que algunos sospechan... bajo llave está el secreto de ese instante en el que mi alma volvió al cuerpo, siendo tu de esa locura la protagonista.

martes, 6 de diciembre de 2011

Atrévete a ser diferente

Por un instante olvido donde me encuentro, digo todo lo que pienso sin pensar en lo que digo, mi mente... todo desaparece, la nada, el éxtasis, la perdida absoluta de todo el conocimiento. Para milésimas de segundo más tarde, volver a la cruda realidad en la que me pierdo.

Eran esos instantes de gloria que tu cerebro recibía, donde nadie molestaba, hablaba, cuchicheaba, reía, lloraba, donde nadie entraba en tu vida. Era el ruido que desprendía el grafito, o los movimientos de la mano al compás del tiempo, o quizá el rastro que dejaba tras su paso... quién sabe lo que me hipnotizó dibujar aspirando a rozar la mano de la perfección.

Quien no se pregunta qué fue lo que me empujó a invertir en un infantil sueño, un deseo inalcanzable, una idea de fantasía, un capricho... así fue como lo llamasteis. ¿os lo seguís preguntando?  Jugué a intentar ser dios, como llaman los cristianos. El grafito sería tinta, mi mano se fundiría con una máquina, las líneas aparecerían en la piel, dentro de ella, no podría rectificar, no existía el margen de error, la mente domina el cuerpo, el cerebro domina la mano y un dibujo para siempre llevaría tu esencia en miles de gentes.

Los instantes de gloria anhelados hacía largos meses, el ruido de grafito cerca de lo insoportable, los golpes de colores en lienzos en blanco... todo ha vuelto a su cauce ahora cantando diferente. El ruido es sutil, los movimientos a su compás dejan a su paso rastros eternos. ¿la llevo yo a ella o es ella la que me lleva a mí? Era una máquina, un trozo de hierro encajado por pequeñas piezas metálicas que se convertía en mi puente al olvido momentáneo.

Y fue ahí, en la primera hora de madrugada, donde agarré la plumilla, cuyo rastro me recordaba a la máquina y su manejo al grafito, la mojé en la tinta y en mi antebrazo escribí: "Vixi discrepo audeo"