miércoles, 15 de febrero de 2012

Fantasía

Existe un lugar al que Barrie bautizó como el país de Nunca Jamás. Luli Pino creó un mundo que llamó Ferngully. Tolkien nos enseñó el lugar donde nació La Comarca... Y fuente de la base de mundos infinitos de los tardaría años en acabar de nombrar siempre esta Ende, quién puso en palabras a fantasía.
Detrás de todos ellos esta mi cabeza, resguardada esta madrugada en el escondite, un lugar que me pertenece y a su vez es parte de la raíz. Ahí quedaron a un lado unos folios, que debo rellenar con desnudos y arquitecturas, parte de un cuaderno que no tengo intención de presentar. Hoy no, no quiero trabajar con los lápices, no me apetece dibujar personas desconocidas dentro de edificaciones sin visitar.
Estoy en mi habitación de cinco paredes, repleta de libros, llena de polvo y recuerdos, llena de experiencias y de sentimientos, fuera de aquí no entienden que quiero pensar, que es una forma de evadirme. Me preguntan por ese cuaderno inútil, me exigen que me ponga a crear, cuando pienso que tan solo estoy haciendo una carrera, que no necesito tener una matrícula para poder triunfar, hoy sigo diciéndome, no necesito trabajar, tengo la habilidad, que más dará dejar una cosa más por el camino si en dos días me pienso encerrar para poder sacar un misero título.
El escondite lo cree para que nadie entrara, porque hace tiempo coloqué esas barreras invisibles en mi mente, esta habitación cambió de aspecto, antes era oscura, estaba llena de detalles insignificante que he guardado en el cajón de lo efímero. Actualmente el sol calienta en la mañana para que yo pueda volver en la noche y escribir iluminada por la luna. 
En estas horas no hay nadie conmigo escribiendo sobre lo que pasa, pero sé que en cualquier momento del día vendrá el hada, aburrida de leer libros en duras tapas, curiosa de colarse una vez más en mi cabeza o buscando las palabras que en estos textos aun no se ha cansado de leer.
Le hablaré de Al-ras, un mundo que se esconde dentro de este escondite, tras unos libros de la estantería más cercana a mi derecha, una de tantas puertas a la imaginación en las que no todos tienen acceso o se atreven a pasar. Tan sólo tendrá que volar con sus alas, para que vea lo que le quiero enseñar.
Al entrar a Al-ras verá un campo infinito de verdes árboles, altos troncos fuertes con robustas ramas, un bosque frondoso bañado en una tenue luz azul, puede que tenga miedo, que le invada el terror, porque los vigorosos árboles nunca la han visto y ella se niega a que vean su interior.
Pero seguirá caminando pisando la hierba, notará la fresca brisa de las oscuras horas de la madrugada y cuando la paz le invada, aunque ella se niegue, los sabios árboles ya saben quién viene. 
De las robustas ramas caen gotas color celeste, que en forma de lluvia plateada formaran delante del hada un pequeño lago, Al-ras quiere que mire dentro del agua, donde siempre se ha dicho, se esconde el reflejo del alma. 
El hada confía y al curiosear no contempla nada, entristecida acusará al bosque de jugar con ella, se culpará por no ver, se coge de las alas, las arranca, estalla en ira y llevándose las manos a los ojos tras el dolor, sintiéndose vacía, inevitablemente brotará una única lágrima. Tan solo una gota que viene del interior, que cae en el pequeño lago cristalino formando una onda, al igual que al tirar una piedra al mar. 
Y de nuevo examina el lago tras esa extraña circunstancia, ahora aparece su rostro, tiene unos ojos grandes y marrones, sin grietas, con rasgos finos y la cara llena de sutiles pecas. Aprecia a través de su reflejo como las alas vuelven a crecer, reflexiona un momento, no se trataba de una carencia de alma, sino que ella no se quería ver.
Pero no es el hecho de que pertenece a Al-ras lo que le quiero enseñar hoy, no es de lo que trata el texto. Quiero que analice bien el lago, hay tres lunas que ocupan el cielo de este universo, en una de ellas están sumergidos sus ojos, en la de su derecha aparece el alma de alguien que no se encuentra muy lejos mientras lee y a su izquierda otra persona que a pesar de la distancia, constituye una parte de mi mundo y del suyo.  
Desde el primer día que lo empecé a escribir, son los tres astros que iluminan este lugar imposible, nunca supe porque eran tres y no menos o más, nunca entendí porque no tenían nombre desde la primera página. Hoy por hoy, no es la luna de la tierra la que me ilumina, son tres astros escondidos de los que hablan estos tomos de fantasía, soy consciente de que Al-ras nunca saldrá a la luz del comercio, a los lectores desconocidos, a las grandes marcas. 
Tan sólo es un mundo imaginario que en mis sueños apareció cuando era adolescente, nunca dejará de crecer, nunca dejará de sorprenderme, porque fantasía no tiene límites mientras mi cabeza sea insensata e insensible. 

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